Los juegos reducidos —conocidos en la literatura científica como small-sided games— son situaciones de juego en las que participan menos jugadores, se utiliza un espacio más pequeño y se modifican determinadas reglas en función del aprendizaje perseguido, pero se mantienen los principios esenciales del deporte. A diferencia de las tareas técnicas aisladas, permiten practicar habilidades y tomar decisiones en situaciones parecidas al juego real.
Una revisión sistemática publicada en 2020 analizó qué posibilidades ofrecen estos juegos para enseñar los componentes técnicos y tácticos de los deportes colectivos a niños y jóvenes. Sus resultados aportan orientaciones interesantes para diseñar situaciones de aprendizaje más participativas, contextualizadas e intencionales en Educación Física.
¿Qué se quería investigar?
El objetivo del estudio fue analizar y describir las posibilidades metodológicas de los juegos reducidos para la enseñanza de los aspectos técnico-tácticos de los deportes colectivos en edades jóvenes.
Los autores partieron de una idea fundamental: reducir el número de participantes, modificar el espacio o introducir determinadas reglas no son simples cambios organizativos. Cada una de estas decisiones puede transformar el comportamiento de los jugadores, las acciones que realizan y los problemas tácticos que deben resolver.
Por tanto, la investigación trató de responder a una cuestión especialmente relevante para docentes y entrenadores: ¿cómo debemos diseñar un juego reducido para provocar determinados aprendizajes?
¿Cómo se realizó el estudio?
No se trató de una intervención con un único grupo de participantes, sino de una revisión sistemática de investigaciones anteriores.
Los autores siguieron las orientaciones de la declaración PRISMA y realizaron la búsqueda en enero de 2020 en cuatro bases de datos científicas:
- PubMed.
- Web of Science.
- Scopus.
- SportDiscus.
Se incluyeron trabajos en inglés o español que utilizaran juegos reducidos como recurso para enseñar técnica o táctica y cuyos participantes fueran menores de 18 años en etapas de iniciación o formación deportiva.
La búsqueda inicial localizó 451 documentos, a los que se añadieron otros 20 encontrados mediante las referencias de investigaciones anteriores. Después de eliminar duplicados y aplicar los criterios de selección, 47 estudios fueron incluidos en la revisión. El proceso aparece representado en el diagrama PRISMA de la página 3 del artículo.
Cada trabajo fue revisado de forma independiente por dos autores y, cuando existían discrepancias, intervenía un tercero. También se evaluó la calidad metodológica de los estudios mediante la herramienta QualSyst, obteniéndose puntuaciones comprendidas entre el 70 % y el 95 %.
Las variables analizadas fueron principalmente:
- El número de jugadores.
- El tamaño del terreno de juego.
- La modificación de las reglas.
- Otras condiciones, como la edad, la experiencia, la duración de las tareas o la presencia del entrenador.
¿Cuáles fueron los principales resultados?
Menos jugadores suele significar más participación individual
La conclusión más consistente fue que, al reducir el número de jugadores, aumenta la frecuencia de contactos con el balón y de acciones técnicas por participante.
En formatos pequeños se realizaron generalmente más pases cortos, conducciones, regates, lanzamientos, entradas, interceptaciones y finalizaciones. En baloncesto, por ejemplo, uno de los estudios encontró aproximadamente un 60 % más de acciones técnicas por jugador en situaciones de 2 contra 2 que en las de 4 contra 4.
Por el contrario, los formatos con más jugadores favorecieron en algunos casos acciones como los pases largos, los golpeos de cabeza y comportamientos colectivos más próximos al juego completo.
Esto significa que no existe un formato universalmente mejor: el número de participantes debe elegirse según el aprendizaje buscado.
El tamaño del espacio modifica la forma de jugar
Los espacios pequeños produjeron generalmente una mayor concentración de acciones técnicas, más contactos, lanzamientos y situaciones de oposición directa.
Cuando se ampliaba el terreno, aumentaban las distancias entre jugadores y la superficie ocupada por los equipos. Esto podía favorecer la percepción del espacio, la amplitud, la profundidad, la organización colectiva y la comprensión táctica del juego.
Por tanto:
- Un espacio reducido puede utilizarse para intensificar la participación y el juego individual.
- Un espacio amplio puede ayudar a trabajar la ocupación racional del terreno y los comportamientos colectivos.
Las reglas orientan el aprendizaje
La modificación intencional de las reglas también produjo cambios importantes.
Cuando el objetivo era conservar la posesión, aparecieron más ataques posicionales, mayor participación colectiva y más contactos con el balón. En cambio, las situaciones orientadas directamente a marcar generaron ataques más rápidos y un mayor número de acciones individuales.
Los estudios analizados mostraron, entre otros resultados, que:
- Limitar los contactos con el balón puede aumentar la velocidad del juego y las finalizaciones.
- Exigir un número mínimo de pases antes de marcar favorece la posesión y la participación colectiva.
- Limitar el regate incrementa los pases y las interceptaciones.
- Cambiar la forma o el número de porterías modifica la manera de avanzar, conservar o recuperar el balón.
- Introducir superioridades numéricas puede facilitar la circulación y la construcción del ataque.
Las reglas, por tanto, actúan como condicionantes pedagógicos: permiten al docente orientar el comportamiento del alumnado sin tener que detener continuamente el juego para ofrecer instrucciones.
La edad y la experiencia también influyen
Los participantes de mayor edad o experiencia mostraron, en general, comportamientos tácticos colectivos más desarrollados, una mejor ocupación del espacio y secuencias ofensivas más elaboradas.
Los jugadores menos experimentados tendían a realizar acciones más rápidas, breves e individuales. Además, algunos estudios señalaron que el conocimiento práctico o procedimental del juego puede desarrollarse antes que la capacidad para explicarlo verbalmente.
Esto recuerda que una misma tarea no presenta la misma dificultad para todos los grupos. El tamaño del espacio, las reglas y el número de jugadores deben adaptarse a la edad, la experiencia y las necesidades del alumnado.
¿Qué significa para Educación Física?
La revisión respalda el empleo de los juegos reducidos como alternativa a una enseñanza deportiva basada principalmente en filas, repeticiones técnicas y ejercicios descontextualizados.
En Educación Física pueden contribuir a:
- Aumentar el tiempo de participación real.
- Reducir los periodos de espera y la posibilidad de que algunos alumnos pasen desapercibidos.
- Multiplicar las oportunidades de contactar con el móvil.
- Integrar técnica, táctica, percepción y toma de decisiones.
- Presentar problemas que el alumnado debe interpretar y resolver.
- Adaptar la dificultad sin abandonar la lógica interna del deporte.
Su principal valor no reside únicamente en jugar en espacios pequeños, sino en que el docente puede diseñar el entorno para provocar determinadas respuestas.
No obstante, la evidencia debe trasladarse con prudencia al ámbito escolar. La mayoría de los trabajos revisados se desarrollaron en contextos de formación o entrenamiento deportivo, por lo que no todos sus resultados pueden aplicarse directamente a una clase de Educación Física caracterizada por una mayor diversidad de niveles, intereses y experiencias.
¿Cómo podría aplicarse?
Antes de organizar un juego reducido, conviene comenzar por una pregunta: ¿qué quiero que aprenda o experimente el alumnado?
| Objetivo educativo | Posible modificación |
|---|---|
| Aumentar la participación y los contactos con el balón | Reducir el número de jugadores por equipo |
| Trabajar pases, regates o finalizaciones | Utilizar formatos pequeños y espacios relativamente reducidos |
| Mejorar la ocupación del espacio | Ampliar progresivamente el terreno de juego |
| Favorecer la posesión y la participación colectiva | Exigir varios pases antes de poder marcar |
| Potenciar la circulación del balón | Limitar el número de contactos o restringir el regate |
| Trabajar la amplitud | Incorporar zonas laterales o varias metas |
| Facilitar la toma de decisiones | Introducir superioridades mediante comodines |
| Practicar ataques rápidos | Permitir la finalización inmediata o reducir las exigencias previas |
| Trabajar ataques posicionales | Premiar la conservación y establecer condiciones antes de marcar |
Estas modificaciones pueden organizarse mediante una progresión. Por ejemplo, una situación inicial de 3 contra 3 puede desarrollarse primero sin restricciones, continuar con un mínimo de pases antes de marcar y finalizar ampliando el terreno para observar cómo cambia la ocupación del espacio.
Después de cada variante, resultaría útil introducir breves preguntas:
¿Qué ha cambiado en vuestra forma de jugar?
¿Dónde encontrabais más espacios?
¿Participaban todos por igual?
¿Qué regla os ayudaba a conservar el balón?
De esta manera, el juego no solo aumenta el movimiento, sino que se convierte en una oportunidad para comprenderlo.
La tabla 5 del estudio, situada entre las páginas 13 y 14, resume precisamente cómo la reducción de jugadores, la ampliación o disminución del espacio y las reglas sobre pases, contactos o formas de puntuar pueden utilizarse para trabajar diferentes fundamentos técnico-tácticos.
¿Qué limitaciones debemos considerar?
La principal limitación reconocida por los autores es que la mayoría de los estudios analizados se centraron en el fútbol. Esto dificulta generalizar todas las conclusiones a baloncesto, balonmano, hockey, rugby u otros deportes colectivos.
También debemos considerar que:
- Los participantes eran menores de 18 años, pero pertenecían a edades y niveles muy diferentes.
- Algunas conclusiones proceden de un único estudio o de un grupo de edad concreto.
- Las tareas variaban en duración, dimensiones, número de jugadores y reglas.
- La revisión incluyó únicamente artículos escritos en inglés o español.
- La búsqueda se realizó en enero de 2020, por lo que no incorpora investigaciones posteriores.
- Se realizó una síntesis sistemática de los resultados, pero no un metaanálisis que estimara un efecto conjunto.
- La mayoría de las investigaciones se desarrollaron en contextos deportivos y no específicamente en clases escolares.
Los propios autores advierten de que algunas implicaciones prácticas se basan en estudios con grupos de edad concretos y deben interpretarse con cautela. También señalan la necesidad de realizar intervenciones más prolongadas, con evaluaciones antes y después y con grupos experimentales y de control.
Conclusión
Los juegos reducidos constituyen un recurso metodológico con un gran potencial para enseñar los deportes colectivos en edades jóvenes. Sin embargo, su eficacia no depende simplemente de dividir la clase en grupos pequeños.
Su verdadero valor aparece cuando el número de jugadores, el espacio y las reglas se modifican de manera consciente y coherente con el objetivo educativo.
Reducir participantes puede multiplicar las oportunidades de intervención. Ampliar el espacio puede favorecer la organización colectiva. Limitar contactos puede acelerar el juego. Exigir pases puede aumentar la colaboración. Cada decisión transforma la tarea y, con ella, aquello que el alumnado tiene la oportunidad de aprender.
Referencia y acceso al estudio original
Fernández-Espínola, C., Abad Robles, M. T., y Giménez Fuentes-Guerra, F. J. (2020). Small-Sided Games as a Methodological Resource for Team Sports Teaching: A Systematic Review. International Journal of Environmental Research and Public Health, 17(6), 1884. DOI: 10.3390/ijerph17061884.
El artículo fue publicado en acceso abierto bajo licencia Creative Commons CC BY.
